Nicolás Jorge: el asesor que marcó el principio del fin de la mayoría absoluta

- A medida que iba aumentando la dependencia del alcalde hacia su asesor, este iba aislándole de la mayoría del gobierno socialista y acaparando más y más poder.

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Antecedentes de la ruptura del gobierno por mayoría del PSOE de Arona: Nicolás Jorge

Para mí, para mis compañeros y para una parte importante del personal del Ayuntamiento, hay un responsable claro de la crisis que ha dinamitado al grupo socialista de Arona hasta hacer saltar por los aires el gobierno del PSOE de Arona. Y se llama Nicolás Jorge Hernández: el asesor que intoxicó y marcó el principio del fin de la mayoría absoluta que con tanto esfuerzo conseguimos en las urnas en 2019.

La inmensa mayoría de la población aronera ni siquiera le conoce. Pero es quien mueve los hilos de la Alcaldía que ocupa cautelarmente José Julián Mena apoyándose en su actual gobierno en minoría. 

Metió su primera pica en el equipo socialista aronero en 2015, justo después de que llegáramos al gobierno. Y lo hizo convenciendo a Mena para que contratara como cargo de confianza a su mujer, Maritza D. Contreras. 

Al principio la mayoría de concejales nos negamos a esa incorporación, pues todo lo que sabíamos de Nicolás era turbulento y aconsejaba mantenerlo lo más lejos posible. Pero Mena insistió e insistió hasta que dimos nuestro brazo a torcer.

Y un año después, en 2016, Nicolás entró en escena de lleno. Casi todos los integrantes del equipo socialista empezamos rechazando tajantemente su contratación. Entre otras razones, porque tenía (y tiene) varias imputaciones por presunta corrupción de su etapa como concejal de Granadilla. En aquel entonces, las decisiones del grupo socialista eran valoradas y consensuadas por todos los integrantes del equipo de gobierno, y la resistencia de casi todos hizo que esa contratación nos costara semanas de debate interno.

Pero Mena puso toda la carne en el asador hasta lograr convencernos. A unos por oportunidad, con elogios a la experiencia y gran ayuda que nos podría aportar esa incorporación. Y a otros por pena, ahondando en lo mal que lo estaba pasando su amigo de juventud en lo laboral y económico.

Maldita la hora. De verdad. La de veces que yo y mis compañeros nos hemos arrepentido de haber permitido que ese siniestro personaje entrara en nuestro hasta entonces armónico equipo.

Al principio Nicolás Jorge se esforzó en no hacerse notar. Se centró en maravillar a Mena


TAREAS INICIALES DE NICOLÁS JORGE COMO ASESOR DE ALCALDÍA

– Controlar la agenda del alcalde.

Incidía en garantizar que entre sus citas no se colara nadie incómodo.

También en asegurar que estuviera en todos los actos, eventos, reuniones o visitas donde pudiera lucirse mediáticamente.

– Examinar cualquier documento que precisara firma del alcalde.

Su cometido era prevenir posibles consecuencias y se afanaba en transmitirle al alcalde (y a su padre) los marrones legales que, según él, le estaba ahorrando.

– Supervisar los comunicados de prensa del Ayuntamiento.

Su meta era garantizar que el protagonismo de todas las notas fuera para Mena.

– Conseguir entrevistas y halagos en medios de comunicación.

Fue haciéndose con poder para decidir el reparto de la publicidad institucional para ese fin (y para que los medios tuvieran que pasar por él para conseguir publicidad y le rindieran pleitesía).

– Asistir al alcalde en los plenos y en intervenciones públicas.

Mena se hizo dependiente del teléfono en esas intervenciones para seguir al pie de la letra los apuntes que le iba enviando Nicolás por sms y whatsapp (fíjense y verán que en los plenos no se despega del móvil).


Vanidad y temor

Iba conquistando a Mena sobre todo desde la vanidad. Pero también desde el temor a todo lo que podría pasarle si no lo tuviera a su lado.

Y a medida que iba aumentando la dependencia del alcalde hacia su asesor, este iba acaparando más y más poder. Nada era casual. Acabamos entendiendo que era un plan premeditado: el personajito había hecho lo mismo en el gobierno granadillero (también con nefastas consecuencias, como nos han relatado varios excompañeros suyos en ese Ayuntamiento). Y aunque no tuvo tiempo a consolidarse, nos han contado que también lo hizo durante la corta etapa que trabajó como asesor de la exvicepresidenta de Canarias, Patricia Hernández.

Al final de aquel mandato, ya atisbamos que Nicolás Jorge tenía a Mena totalmente abducido y que, además, acaparaba más poder que el propio alcalde.


SEGÚN AVANZABA EL MANDATO, NICOLÁS TAMBIÉN SE ENCARGÓ DE:

-Consolidar buena dosis de poder en las áreas de Obras y Actividades.

Su supuesto cometido era prevenir ilegalidades y asesorar. Al final no se movía apenas nada sin su consentimiento, incluyendo incluso temas donde un político jamás debería entrar.

– Asumir la supervisión de pliegos y contrataciones a conciencia.

Uf uf uf.

– Dar la tabarra a técnicos municipales.

No siempre para defender por las buenas una postura o sentido de los informes…

– Reunirse con empresarios.

¿Para qué?

– Comandar al Gabinete de Prensa.

Le amargó la vida a nuestra primera jefa de prensa hasta que logró colocar en su lugar a un periodista amigo suyo y sometido a él.

– Lograr el protagonismo de Mena en cualquier foro.

Intentaba por todos los medios que saliera en el centro o en un lugar destacado en cualquier acto o reunión con foto, forzando a otros alcaldes y cargos públicos a hacerse a un lado.

– Participación en las contrataciones jurídicas externas.

Tener voz en la elección de los abogados y gabinetes jurídicos que contratara el Ayuntamiento (este punto merece un capítulo aparte).

– Influencia en el área de Urbanismo.

Como no daba más de sí pero no quería privarse de una de las áreas más golosas del Ayuntamiento, facilitó alfombra roja para que Felipe Campos accediera a técnicos (y más). Campos es el abogado de Nicolás Jorge en el Caso Granadilla.

– Protagonismo en la organización de la campaña electoral de 2019.

En la campaña y en la organización y toma de decisiones relacionada con procesos internos del PSOE a nivel municipal, insular y autonómico.

Intento de decidir quiénes formaban parte de la plancha electoral y en qué puestos (entonces no tuvo suficiente fuerza porque Mena no decidía solo la plancha. Pero hoy seguramente sí la tendría.

– Voz y voto en materia de personal.

Qué personas merecen ser contratadas como personal de confianza, como asesores externos o como colaboradores (de hecho, ha ido montando su propio equipo al margen del gobierno, una especie de gobierno paralelo financiado con fondos públicos de Arona y manejado en primera persona por él).

Qué personal técnico merece ser ascendido o degradado, gratificado, reconocido o repudiado (este poder lo ha consolidado este mandato).


Aislamiento de Mena

Fíjense en el tipo de tareas que asumió: las relacionadas directamente con la vanidad del alcalde, y las que le daban influencia y poder consistorial y político directamente a él.

Pero mientras hacía todo eso, también iba aislando a Mena del resto del equipo. Acabamos entendiendo que era su estrategia para asegurarse de ser el único que lo controla y tiene más influencia que nadie sobre él. ¿El motivo? Supongo que sus ansias de lograr poder político a sabiendas de que le falta todo lo necesario para conseguirlo en las urnas como líder.

Con semejante limitación, incluso cobra sentido el plan de parasitarse a quienes ya tienen poder y esmerarse por abducirlos y dominarlos a través del servilismo y la vanidad. Al final hasta se puede mandar más así. Y desde la sombra, sin los inconvenientes de ser un personaje público con miles de ojos encima.

En su caso, Nicolás ha abducido a todo el núcleo familiar. Empezando por el padre del alcalde, Sixto Mena, que besa por donde pisa el adulador de su hijo. Tanto es así, que los ha convencido a ambos de que José Julián es tan destacado como político y le queda tan pequeña Arona para su gran capacidad, que es ministeriable. Sospecho que en realidad es Nicolás Jorge quien ansía ser el asesor-controlador de un ministro. O es simplemente lo más grande que se le ha ocurrido para engatusar al padre y al hijo.

De alcalde a ombligo

Poco a poco, Mena se fue convirtiendo en un ombligo andante tan enamorado de sí mismo por las lindezas que su asesor proclamaba, que debió darle igual convertirse en su títere en lo relativo a gestiónO no se dio cuenta del rol de marioneta en el que estaba cayendo mientras se regocijaba consigo mismo.

Mis compañerxs y yo fuimos contemplando atónitos y ruborizados ese proceso de engreimiento y embobamiento de nuestro cabeza de lista.  Siempre tuvo un punto vanidoso. Pero no hasta el extremo que le inoculó su asesor.

Creímos erróneamente que sería pasajero. Que tarde o temprano pisaría tierra. Pero qué va. Todo lo contrario. Al conseguir mayoría absoluta, Nicolás absorbió aún más a Mena y este se volvió aún más ególatra y vanidoso. Y el asesor absoluto logró mayor control sobre él.

A todo eso nadie en el equipo le disputaba a Mena su papel protagonista. Más que menos, siempre lo tuvo. Por ejemplo, en las notas de prensa, inauguraciones, presentaciones y actos públicos siempre le habíamos cedido el protagonismo aunque no estuviera al tanto de nada relacionado con la gestión y detalles del tema. Lo que no aceptamos fue el protagonismo de Nicolás, ni su exigencia de que le rindiéramos pleitesía y nos sometiéramos a sus órdenes e intentos de injerencia en nuestras áreas (eso merece otro capítulo).

Papel de Nicolás en la expulsión de Mena del PSOE

Y cuando los excesos y abusos de poder de Nicolás terminaron de exasperar a la mayoría del grupo de gobierno, hartos de tragar ruedas de molino, planteamos su salida del Ayuntamiento. No solo anhelábamos, sino que necesitamos recuperar la armonía interna, la gobernabilidad sana y a un alcalde con un mínimo de autonomía, de capacidad de decisión, sentido de servicio público al margen de las florituras del cargo y, especialmente, con un mínimo de sentido común.

Pero José Julián Mena prefirió proteger al adorado asesor que mueve sus hilos a base de adulación, que salvar la mayoría absoluta y mantener la unidad de su equipo. Esa enfermiza dependencia llegó a ser tan evidente, preocupante y patética, que fue uno de los motivos de que el PSOE optara por expulsarlo del partido para intentar salvar la gobernabilidad de Arona. Su proceder evidenció su falta de liderazgo. Estaba anteponiendo a un asesor enfrentado con la mayoría de su gobierno, a siete cargos públicos avalados en las urnas por la ciudadanía.

Porque no nos engañemos. Detrás de esa dependencia lo que subyace es la incompetencia manifiesta de un alcalde que no tiene ni formación ni carácter para desarrollar esa labor. Un alcalde que no da la cara, que no es capaz de tener criterio propio ni resolver problemas por sí mismo. Y que en vez de valorar el trabajo y lealtad de todo el equipo de concejales que le permitió alcanzar la Alcaldía, que le ayudó a mantenerla dignamente resolviéndole marrones y haciendo una gestión sobresaliente en sus áreas, cayó encantado en el juego de quien le infló la vanidad.

Nicolás Jorge dinamitó el gobierno socialista. Y Mena lo permitió.

CONTINUARÁ

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